martes, 9 de octubre de 2012

Carta Despedida Papá... (30 Mayo 1951 - 25 Mayo 2012)


Que difícil encontrar las palabras adecuadas para expresar el cúmulo de ideas que vienen a mi mente en este momento. En ningún caso con estas palabras, quisiera provocar más dolor pero así como alguna vez mi madre lo hizo por mis abuelos cuando les llegó el momento de partir yo quiero traer a este lugar alguno de los tantos recuerdos que mi padre dejó sembrados y que sin duda permanecerán con nosotros para siempre.

Fernando Elías Constanzo Hernández: Esposo, Padre, Tata, Hermano, Tío. Un hombre extrovertido, alegre, divertido, apurón, amistoso, llevado a sus ideas, generoso y por sobre todo amante de su Esposa, un padre amoroso y un abuelo muy querendón y consentidor.

Hay tantas cosas que tu esposa;  nuestra querida mamita extrañará de ti. Hay tantos recuerdos encerrados en 41 años de matrimonio.  El de uds, y como todos, no estuvo exento  de problemas y dificultades pero con el paso del tiempo hemos aprendido el valor tan maravilloso  de aquel conocido texto “el amor todo lo puede”. Ella ha sido tu compañera de vida, tu apoyo, tu enfermera, tu “chita”. Con quien podías pasar largas horas en un  juego de cartas sin fin, en donde por supuesto eras tú quién por lo general ganaba, con tus estrategias especiales y tu expresión de derrota cuando en realidad tenías todas las cartas y el juego a tu favor.  No puedo dejar de mencionar los famosos “proyectos” que emprendían juntos; pintura de paredes, el mueble de cocina con mosaicos de cerámica, el cierre del segundo piso o también cambios más sencillos como plantar en el jardín alguna flor bonita, o cambiar de lugar algún artefacto del taller.   Cada vez que te preguntamos Papá por qué estás haciendo eso? Respondías con un resignado: “Porque a la mamá se le ocurrió” …… Las caminatas al río a buscar algo que se pueda reciclar para hacer algo bonito, los viajes que pudieron realizar, los descansos en la plaza de armas a tomar helado y mirar la gente pasar así tomaditos de la mano….Queremos decirte que tu amada “moni” estará muy bien cuidada y protegida, rodeada del amor de sus hijos y de sus nietos.

Tus hijos Marcos, Marcelo, Marita, Verito y Daniela (para ti, guatón, pelelo y gulitas) tiene cada uno recuerdos individuales producto de la relación personal que cada uno cultivó contigo. Recuerdos que por cierto, estos días vienen a nuestra mente, bombardeantes y llenos de ti.
Marcos; tu hijo mayor, la primera  guagua……… (muy a nuestro pesar) el que siempre tuvo más juguetes y tal vez con quien tuvieron más aprehensiones por el hecho de ser el primero. Tu compañero de maestreos y eternas disputas sobre quien tenía la razón. Tu guatón, ése que tenía todo el derecho del mundo a retarte porque era el hombre grande de la  casa, al que le regalaste su primer teclado sin importar lo que costara porque le diste la oportunidad de elegirlo “el mismo” para que algún día interpretara las más lindas melodías para ti en aquellas hermosas reuniones familiares y quien gracias, a ese gran incentivo hoy dedica su vida a enseñar el valor de la música en los más pequeños.
Marcelo; tu “pelelo” tu cantor, el que te hacía inflar el pecho cuando ibas a oírlo cantar. A ése que le decías “cántele al tío” (bueno en realidad a todos nos dijiste eso alguna vez) Al que tanto le insististe que aprendiera a hacer arreglos domésticos y quien te respondía con un dejo de indiferencia y sólo para provocarte “voy a tener plata para contratar maestros”…  Ese hijo con quien te gustaba orar y buscar la presencia de Dios y que te regaló 3 hermosos nietos que aunque, no pudiste conocer personalmente, siempre estuvieron en tu corazón y en tus oraciones. A la distancia  y con un besito en la frente él también te dice Adiós.

Tu Princesa Marita: La más chiquitita y apegada a ti, esa pequeñita que siempre te recibía diligente y corría a servirte el tecito o se desvivía por atenderte cuando estabas enfermo sin importar ni el frío ni el desvelo. A quien siempre nosotros llamamos tu regalona (también un poco para provocarte) porque sabíamos que tu respuesta sería un tajante “todos mis hijos son iguales”. Tu Marita que te llamaba todos los días para contarte alguna gracia de tus nietas y decirte cuánto te amaba y lo mucho que deseaba viajar pronto para verte.

Tu hija Verito: No sé si hice lo suficiente pero intenté hacerte feliz en cosas tan simples pero que para ti tenían mucho valor; tus galletitas para el té, los quequitos que apenas expelían su olorcito desde el horno te llamaban a preguntarme ¿hija qué estás haciendo? No podré olvidar la carita que ponías cuando yo contestaba “un quequito”. Es la misma cara que pone mi Luquitas cuando ve algún juguete que le gusta.  Tu hija a quien continuamente preguntabas: “Hija  tú me amarás tanto como yo te amo a ti” y a la que animaste en momentos difíciles con un “hijita, vamos a salir adelante, confía en Dios, todas las noches oro por ti”. Gracias papito…

Tu Gulita, tu Danielita: esa dulce hija que te regaló la vida cuando ya no tenías pensado que eso sucedería. La que te amó y amará incondicionalmente porque fuiste como su padre. La que te dio tantas satisfacciones y orgullos en el plano profesional y académico. A la que animaste tantas veces cuando abrió su corazón para contarte sus penitas y preocupaciones. A la que defendiste cuando comenzamos a decirle “nono” porque pensaste que era algo ofensivo y la que sin duda, con sus bromas te hacía reír como ninguno de nosotros pudo hacerlo. 

Tus  siete nietos: Emma, Maddie, Ethan, Matías, Gabriela, Lucas y Amalia se sentirán muy afortunados cuando en la medida que crezcan, conozcan tu historia, la de un hombre que sacó adelante una familia pese a las adversidades y que aunque cometió errores trató de enmendarlos con amor y perseverancia. Tus nietecitos mirarán el cielo esperando encontrarte en alguna estrellita. Los que tuvieron la bendición de conocerte (Mati, Gabi, Amalia y Lucas) seguramente preguntarán por ti y nos encargaremos de recordarles tu actitud hacia ellos, cargada de ternura y consentimientos. Tú eras el tata que bailaba “hip hop” con Matías.  Pañuelo en mano; cueca con Luquitas, Jugabas a las muñecas con Gabrielita y quien tuvo el honor de recibir unas de las primeras sonrisitas y conversaciones de tu nieta más chiquitita: Amalita Belén.

Tus hermanos y hermanas: Tu querida “Fundación” extrañarán al “negro” y las onces con ese pancito amasado de la tía Mary que tanto disfrutabas. Las conversaciones alegres recordando historias de la niñez, del matadero, de los abuelos y  tantas experiencias propias de su lazo especial de hermanos.
Te extrañaremos tanto viejito… tus bailes de Cantinflas, tus retos para que nos calláramos mientras veías las noticias, las interminables sobremesas con tus historias sobre personajes que ninguno de nosotros conocía pero que sin embargo para ti era tan entretenido relatar, tus programas de folclor el domingo a medio día, tu querida radio ñuble sonando a las 07 de la mañana en el baño a todo volumen, tus tostadas de la mañana, el sonido de tu secador de pelo, el olor de tu perfume…
Papá descansa. Guardamos los mejores recuerdos de ti. Nos quedamos con todo lo bueno, con todo lo que hiciste, con todo lo que entregaste y con todo lo que amaste.
Sigues estando aquí y seguirás estando porque todos viven mientras sean recordados…

jueves, 6 de octubre de 2011

Cuando cuatro meses son toda una vida

He leído en boletines y libros que un buen consejo para todas las madres es que dejen que sus hijos se duerman solitos en sus cunas para que no se acostumbren a dormir en brazos. Supongo que también es para que sean más independientes. Me parece tan razonable el argumento que trato de practicarlo y afortunadamente me resulta. Cuando estás un poco adormecido (ni completamente despierto ni completamente dormido) te dejo en tu cuna y tú terminas de dormirte ahí… buscando la posición más cómoda y yo siempre procurando que quedes de “lado y con la espaldita elevada en su justa medida”. Siempre fue así, desde que dormiste por primera vez en tu cunita cuando tenías 4 días de nacido.

Anoche, después de tu baño y tu sagradísima leche; te dormiste inmediatamente. Estabas exhausto.

Y yo… tengo que confesar que no pude seguir ningún buen consejo de ningún buen manual.

Pensé si estaría mal que te durmieras en mis brazos un “ratito” (si es que 40 minutos pueden considerarse un ratito).

Ahí figurábamos los dos, abrazaditos como buena madre y buen hijo. Me impresionó sentirte tan agarradito. Tanto, que lograba sentir tu nariz en mi cuello y tus bracitos sobre mis hombros. Cuando me alejé para ver si estabas dormido, protestaste inmediatamente: me apretaste los hombros y sumergiste tu carita. Tú también querías estar así… y así nos quedamos... Fue un momento “zen” para ambos y me emocioné.

Cerré los ojos y mi mente viajó al momento en que supimos que vendrías. Reviví la emoción del instante en que confirmamos que efectivamente estabas aquí; viviendo conmigo hace dos meses pero estabas tan calladito que no pudimos enterarnos. Me sentí orgullosa de ti por primera vez. De tu valentía, de tu fuerza y de tu vitalidad. Reviví la ansiedad de las visitas al doctor. Siempre salimos de su consulta felices, sonriendo y contando los días para tenerte aquí. No puedo no decir: Gracias Dios por eso!.

Estos cuatro meses han sido intensísimos. Antes fui muy feliz pero hoy la felicidad significa más cosas… ¿cómo explicarlo? (si una mamá lee esto va a entender)… la felicidad hoy día tiene más significados, tiene más ingredientes. Hay más cosas que hoy la provocan por eso está a la orden del día. No es un concepto efímero que viene a visitarnos de vez en cuando. Ahora es un estado permanente porque se alimenta de tu sonrisa, de tu mirada, de tus gestos, de tus cantos, de todo lo que haces…En definitiva; instalaste la felicidad en mi vida. Antes, en mi guatita y ahora aquí en mis brazos…

Después del viaje a mis emociones más profundas; las emociones de mamá (que rico!! Soy mamá!!)

al fin vuelvo y finalmente logro dejarte en tu cunita. Mientras te acomodo, noto que tu polerón dice “I waiting to play” y sonrío. ¿Cuántas cosas esperas Lucas de mi alma? En algunos meses vas a probar la comidita, en otros más vas a caminar, luego hablar etc… Hay tantas cosas lindas que te esperan en este mundo y en cada una de ellas yo iré contigo. Seremos compañeros de vida, iremos de la manito protegiéndonos y amándonos. Prometo intentar no equivocarme y hacerte el Lucas más feliz de todos. Tú no tienes que intentarlo, me haces la mamá más feliz de todas. (y que bien que todas tenemos el derecho de sentirlo!).

Felices cuatro meses hijo mío, felices meses para mí.

Siempre pasa igual

Lo invisible a los ojos siempre me persigue. Y esta manía que transforma continuamente el fondo en forma y viceversa, convierte lo invisible en visible en forma continua y permanente en el tiempo.

Y así… siempre pasa igual. En momentos me obsesiona tanto lo invisible, que con lo evidente me tropiezo, caigo y recuerdo que aquí abajo hay piedras que insistentemente encuentran la forma de ponerse justo delante de mis pies. Que las estrellas no me hacen tropezar. Lo inmediato a mis pies sí. Y súbitamente vuelvo a la realidad.
Siempre pasa igual.


Pasa de todo en estos lados…. Pasa música, pasa amor, pasa muerte, pasa enfermedad, vida, generosidad, cambios, creación, valentía... pasa todo. Y esta semana particularmente.

Pasa que te miro Gabrielita y me pregunto cuántos obstáculos sorteaste para llegar hasta aquí. Miro tu carita y veo que eres un milagro. No existe otra explicación. Todos los niños son un milagro; no tengo duda. Cuando lloras pongo tu boca en mi oído, para oírte así, bien fuerte y recordar que llegaste, que estás viva. Que tienes pulmones fuertes y un timbre que se forma, igual que tú. Que lloras para hablarnos, y que así, todo es como debe ser.

Pasa que te miro hermana y veo que has sido valiente, que siempre te imaginé así pero me sorprende que la realidad se las ingenie continuamente para superar mi ávida imaginación. A través de ti veo cómo las mujeres cambian, cómo crecen… me impresiona. Cómo se desplazan a sí mismas por amor y que éste es un acto tan inconsciente que se vuelve adorablemente imperceptible. Solo lo percibimos aquellos que las rodeamos. La naturalidad de este cambio me conmueve. Y me conmueve más pensar en que yo cambie así algún día y tal como tú…. No lo note jamás.

Pasa la muerte que nos detiene. Pasa por nuestro lado y nos recuerda que existe, que es parte de esto, de la vida, del todo. Pasa que te extraño Memo… que fue tu cumpleaños y tuve el impulso de llamarte y siempre pienso que estás aquí, te veo aparecer en la puerta, te veo en el café diciéndome que algún día voy a entender por qué pasan todas las cosas, te veo pidiéndome que te prometa que cuando eso pase, te recuerde. Y créeme… así será.
Pasa la enfermedad como una estela que irrumpe, que se impone intransigente por sobre todo, así… sin aviso para decirnos que somos frágiles a la muerte. Que somos frágiles a la vida. Que es justo la fragilidad la que nos hace humanos, tan humanos como el miedo. Ese miedo que has rehuido Susanita. Ese miedo que teme enfrentarse a tu valentía… a tu fe. Te recuerdo alentándome con fuerza, con tus ojos cansados, con tu cuerpo enfermo y tu mente tal vez, en mil lugares. Alentándome, abrazándome. Regalándome un poco del torrente de fuerza que siempre te acompaña. Y tu sonrisa que siempre nos recuerda que no hay nada imposible… porque cuando me miras así compasiva y me dices “amiga” recuerdo que todo en este mundo puede ser. TODO sin excepción.

Pasan los cambios y las decisiones. No termino de preguntarme cuál será la última decisión que tome… en qué momento de la vida es cuando se dejan de tomar decisiones.
Así mismo, con los cambios. Ahora que estoy frente a uno inminente, mezclo voluntariamente, la nostalgia y la curiosidad. El giro ágil de mis ojos desde lo que se deja hacia lo que se enfrenta, y viceversa. Lo que he visto y lo que veré en disputa permanente por el protagonismo en este aprendizaje.

Pasan tes con cedrón, caminatas, estrellas fugaces y conversaciones sin fin. A falta de fines nos sobran inicios. Nos perdemos, nos reímos y retomamos una y otra vez. Vienen y llenan nuestras horas de alegría y pensamientos. Pasan tus ojos que me dan paz, pasa tu corazón que me dice “Estoy”. Pasa la música y la proyección. Los sueños y los planes... El rincón de la fantasía que lucha permanentemente con la realidad y que a ratos se confunde y se queda aquí, firme defendiendo su existencia a pesar de nuestra incredulidad. Pasan miradas cómplices que se dicen sin tapujo todo lo que quieren en la forma más honesta que encuentran, habiendo multitud o soledad; sol o tormenta. Porque aunque de tormenta hemos sabido en la vida, el sol se nos regaló un buen día y nunca más quiso irse. Tampoco quisimos pedirle que se fuera…
Y sabes qué? las estrellas siguen ahí… guardando quién sabe qué más secretos.

Pasas tu Dios y te quedas… ¿qué difícil ha sido todo no?. Nos ha costado acostumbrarnos… Siendo justa… más a mí. Pero viniste y te quedaste. Porque me miras compasivo y porque tal como a los seis años, me sigue gustando hacerte reír. Sólo tú y yo sabemos cuánto me ha costado llegar a este punto, y eso crea una agradable complicidad. Han cambiado las formas, ha cambiado todo en realidad. A pesar de eso y un millón de cosas más, mi corazón sigue estando en el lugar donde lo dejaste y si… sigue siendo tuyo. Nunca he aspirado a entender todo lo que haces y sabes que siempre prefiero pensar que tienes muy buenas razones para hacerlo. A pesar del tiempo, la distancia y las circunstancias no puedo dejar de buscar tus ojos, (o tu mirada, no sé bien) cierro los míos y te visualizo sonriendo (nunca dejó de ser un ejercicio recurrente) No te vayas… sabes que puedes quedarte aquí, las veces y el tiempo que quieras.

Como dije, lo invisible se materializa constantemente volviéndose tan evidente que me confunde. En el proceso, me paro, camino y avanzo un poquito.
Y súbitamente vuelvo a la realidad.
Siempre pasa igual.

domingo, 23 de marzo de 2008

JANE MONHEIT

video

NINGUNA VOZ FEMENINA MEJOR...

he escuchado en mi vida...

JAZZ DE ANTAÑO....

MULTITUD...

En estos días.. no sale el sol; si no tu rostro (la la la)
jaja.. no.
En estos días: Creatividad Literaria: CERO..........................Creatividad Musical: MIL
Mi flauta ha sido el lápiz hoy por hoy y como soy aprendiz; Cualquier composición tiene que quedarse en el anonimato.

Hoy queridos amiguitos, vengo a presentarles (para los que no la conocen) a Jane Monheit.
Cantante de Jazz... la han comparado con Ella Fitzgerald.
Para que vean ustedes... La reencarnación misma.

Para los que quieran conocer: http://www.janemonheitmusic.com/
Realmente se las recomiendo!!

lunes, 10 de marzo de 2008


Uno de mis escritores favoritos: Mario Benedetti...
...todo un deleite a los ojos y al corazón...

TODAVÍA

No lo creo todavía

estás llegando a mi lado

y la noche es un puñado

de estrellas y de alegría.

Palpo gusto escucho y veo

tu rostro tu paso largo

tus manos y sin embargo

todavía no lo creo.

Tu regreso tiene tanto

que ver contigo y conmigo

que por cábala lo digo

y por las dudas lo canto.

Nadie nunca te reemplaza

y las cosas más triviales

se vuelven fundamentales

porque estás llegando a casa.

Sin embargo todavía

dudo de esta buena suerte

porque el cielo de tenerte

me parece fantasía

Pero venís y es seguro

y venís con tu mirada

y por eso tu llegada

hace mágico el futuro

Y aunque no siempre he entendido

mis culpas y mis fracasos

en cambio sé que en tus brazos

el mundo tiene sentido

Y si beso la osadía

y el misterio de tus labios

no habrá dudas ni resabios

te querré más todavía

lunes, 17 de diciembre de 2007

"DEJA VÚ"


Hay algo que sucede más seguido de lo quisieramos...

No hay nada más vergonzoso que salir de una tienda y que ese “Bip” acusador suene a nuestras espaldas…. Con el consecuente grito del guardia de turno:
“Señorita vuelvaaaa!!”.

Como si fuera poco, semejante espectáculo siempre tiene un público ávido de acción. Y no los juzgo. A veces la tarea de “comprar” no es tan placentera como parece y ante tal montaje teatral, es bueno distraer un poco el cerebro, antes de tomar una buena decisión.

En el mejor de los casos, aquel “bip” puede denunciar un robo. Y hasta ahí, me parece justo. La reacción de un ladrón ante el sonido acusador sería, correr.
El guardia tendría que seguirlo y todos los que quedamos adentro podríamos robar tranquilos, pues no seremos foco de atención en los minutos siguientes.

Pero eso no lo haremos, porque no somos “RATEROS”.
…Además, esa lección la aprendí a los cinco años, después de robarle a la señora del negocio de la esquina, un chicle “dos en uno” sabor plátano. El desenlace de tal suceso fue tan vergonzoso que resultó pedagógicamente eficaz. En momentos como ése, agradecí tener una sabia madre profesora que en vez de agarrarme a “shushás”, Me dio la lección más EFECTIVAMENTE aprendida hasta entonces.

Pero lo que sucede más habitualmente, y muy a mi pesar, es lo contrario.
Resuena en el alma, el “bip” vergonzoso de llevar un artículo con el dispositivo de seguridad puesto.

YO PREGUNTO: ¿Es nuestra culpa?


En esto quiero detenerme y analizar las cuatro reacciones implícitas en tal situación:

Primero

EL OFENDIDO: Es decir, YO.
Un Viernes por la tarde decido que es tiempo de comprar ropa. Para tal efecto, prefiero tomarme mi tiempo y de preferencia, hacerlo sola. Sencillamente, éste no puede ser un evento social, es decir, ni amigas, ni amigos, ni hermanos, ni hermanas ni esposo. Más de alguno se ofreció cortésmente pero después de los primeros 45 minutos vieron claramente frustrada su buena intención. De ahí en más… no volví a tener compañía.

Esta práctica es muy inusual en mí. Y no porque no me guste tener ropa nueva. La razón es tan simple como doméstica. Primero; No tengo paciencia. Segundo; Tengo claustrofobia (controlada, nada muy escandaloso) y Tercero; Siempre pienso que hay algo más importante que comprar.
Me detengo en este punto, sólo para mencionar que me complace mucho más comprar ropa para mi esposo y “artículos para el hogar” que comprar para mí.

No. No es necesario suspiros con acento compasivo…
Sólo lo anoto, para poner énfasis en que las posibilidades de que suene ese “bip”, en mi caso, aumentan por compras a “terceros” más que para mí misma.

Retomo…


Segundo
EL CULPABLE; Es decir, EL VENDEDOR
En honor a la verdad, el primer perjudicado aquí es él. Veamos…

El primer contacto con este sujeto viene después de la frase “¿Quiere ver algo?”
De ahí en adelante, la relación por lo general es cortes.

Su responsabilidad es; recibir, sonreír, aclarar, ofrecer, colaborar, vender, calcular, negociar y finalmente… Quitar la etiqueta de seguridad.
¿Para qué? Para que al salir no suene el dispositivo y así quede claro que uno compró honradamente, como buen y honesto ciudadano.
.
Buscando la raíz más profunda, pienso que las ocho primeras tareas que enumeré, tienen directa relación con su Función. Fíjense ustedes. Sobre todo aquello reciben instrucción. Pero en la novena tarea; la que nos concierne, la que nos puede honrar o avergonzar...
¿se hace hincapié? ¿Se les dice habitualmente: “Recuerden sacar el dispositivo de seguridad… SI NO, HARÁN MUY MAL!??.

NO MIS ESTIMADOS LECTORES.... EL énfasis radica SOLO en la venta propiamente tal.

Señoras y Señores, hemos conocido hoy; una nueva forma de egoísmo.

Pues bien, si el “error” es de él. Entonces EL es el principal perjudicado.
No olvidemos que EL es quien trabaja ahí…. NO nosotros…


Tercero

EL PÚBLICO; Es decir, LOS DEMÁS COMPRADORES

Cuando entré a la tienda, lo hice junto con una agradable Dama. Como estábamos comprando en la misma sección, nos topamos algunas veces.
Después de estar muchas horas en el mismo lugar, empieza a nacer cierta familiaridad con el entorno. Lo que provoca que uno sonría cordialmente y esboce comentarios como “¡ohh no hay de esta talla!”, “¡Que lindo color!, ¿dónde lo encontró?” “Está barato ah??”.
En fin… esto sin duda, crea cercanía. Algo de familiaridad, insistiría yo.

Pero al salir de la tienda. Ocurre lo que no debería.
Suena el “Bip” que dicho sea de paso, no es tan sólo “BIP”… es: bip-bip-bip-bip-bip-bip-bip-bip por siempre…

La reacción del público es…
¿cuál creen ustedes?.

Detener todas sus funciones compulsivas y observar con mirada ávida de acción.
Todos sin excepción, hasta mi accidental compañera, me miraron con cara de acusación. Yo miré al guardia, él me miró a mí… habría sido fantástico que sonara la canción de Silvio Rodríguez (final de teleserie), nos abrazáramos y cayeran pétalos del cielo.
Pero NO. Con cara de circunstancia me detiene, mientras mi “otrora” amigable extraña me observa con cara de análisis a la vez que retrocede como si estuviese en presencia del mismísimo Abimael Guzmán. (tarea para la casa amiguitos)

Cuarto

EL QUE RESUELVE EL CONFLICTO: Es decir, el GUARDIA DE SEGURIDAD

En este episodio puntual, tengo que reconocer que el sujeto fue amable. (no como suelen ser). Ante mi cara de desconcierto, él sólo sonrió (por eso mi subconsciente escuchó a Silvio Rodríguez) y me dijo “déjeme ver sus bolsas”.

Mientras él revisaba mis bolsas, viajé al pasado.
Por una extraña razón, ese momento me estaba resultando familiar. Claro, fue lo mismo que sentí cuando en segundo medio, se realizó la “operación limpieza”. El rector del colegio oyó el rumor de que alguien estaba comercializando droga en el 2do “A”.

Todos debimos abrir nuestras mochilas mientras un rector mitad-furioso mitad-nervioso revisaba una a una nuestras pertenencias. Para mi pesar, (porque Murphy ya me acompañaba en aquella época) me requisaron un personal Cd y algunos discos de ensayo (me iba de gira en algunas semanas)…

Eso no fue lo peor.


LO TRISTE ES QUE….

Sí encontraron droga….

¿dónde?




En el bolso de mi mejor amiga…

OCURRIÓ ASÍ.
Después de quitarme mi material de ensayo; el rector siguió con el bolso de mi mejor amiga (quien por supuesto se sentaba a mi lado)
Yo distraídamente y un poco aburrida del silencio y la formalidad, miré por la ventana.
Cuando de pronto escuché “Perdóname Vero…”

Miro y el panorama fue tan desolador que en mi vida (y eso que han seguido pasando sucesos emocionantes) he podido olvidarlo.

- El rector con unos pitos en la mano mirando fijo a mi amiga.
- Mi amiga llorando mirándome a mí.
- Mis compañeras tapándose la cara con ambas manos y mi profesora desplomada sobre su silla...

En ese instante y aunque nadie me creyó, mi corazón se detuvo un segundo. No alcancé a decir nada. Se la llevaron y nunca la volví a ver. Luego supe que pertenecía a una familia de narcotraficantes encubiertos.

Estuve muchas veces en esa casa, conocí sus papás, hermanos, amigos, novio.
Ella a los míos y NUNCA pudo decirme su verdad. Tal vez porque sabía que yo nunca entendería o tal vez por no arriesgar su último atisbo de “vida normal”.

Todo esto volvió en forma tan nítida a mi mente, que no pude reírme de los chistes del guardia. No contesté a la disculpa del vendedor ni menos a la mirada de la gente. En mis ojos sólo tenía el rostro de aquella primera “mejor amiga” y no pude dejar de preguntarme qué sería de ella…

VAYA NOMÁS SEÑORITA!!

SEÑORITA?

“Ahh si, sí. Disculpe “ ¿Ahora sí puedo salir?.

SALGA NOMÁS DAMA… QUE TENGA BUENAS TARDES!!.

Yo salí con mi cabeza abajo.
La vergüenza del incidente había quedado muy atrás. El recuerdo tan claro de aquel día de colegio se vino a mí como un espíritu inspirador. Caminé una cuadra mirando mis zapatos…. Siempre lo hago, sé que no es una costumbre muy segura pero cuando quiero pensar en algo miro mis pies, porque la gente, el bullicio y el color del entorno me desconcentran.

Pensé en lo que me costó reponerme de eso. Pensé en el sermón de mis papás sobre la prudencia en elegir amigos (inútil ya), pensé en las veces que la vi llorar sin razón aparente.

Inmersa en un mar de pensamientos y conjeturas escucho casi en mi frente una voz que dice…

“Levante la cara mijita rica”… Levanto la vista sonriendo pensando que es alguien conocido (que mala costumbre la mía!!!... mis hermanos y primos tienen la culpa; el “tirón de bolso” y frases desconcertantes fue su forma habitual de saludo callejero)

Y no. Es un desconocido que sin querer, me sacó de mis reflexiones y en un segundo borró de mi mente la imagen de mi fugitiva amiga. No sé qué fue más odiosamente invasivo: el antiguo despojo de mi personal Cd o que este tipo me robara mis pensamientos.


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Creo que después de todo… hice una buena elección.
¿de ropa? ¿de amiga?...
de ambas…

La ropa tuvo la entusiasta aprobación de Roberto (lo que siempre es muy reconfortante para mí)

…y mi amiga… aunque no tuvo la aprobación de nadie, puso a funcionar POR PRIMERA VEZ mi BIP cardíaco de la compasión, de la empatía y del perdón…